METAMORFOSIS
(Entre pirómanos,
necios y asesinos)
Vicente Adelantado
Soriano
La necedad y el
sentido desordenado no es cosa que se cure con una advertencia.
Michel
de Montaigne.
Ensayos.
Se han terminado las
vacaciones. Quien más y quien menos ya ha vuelto al trabajo, y ha
dado por finalizado el verano. Un verano caracterizado por las altas
temperaturas y por los incendios forestales, provocados en la inmensa
mayoría de los casos. Los medios de comunicación han hablado muy
poco sobre estos personajes que tienen como distracción quemar el
monte, poniendo en peligro, demasiadas veces, vidas humanas. Tan poco
hablan de ellos que se termina por pensar que lo que se oyó una sola
vez, quizás no fue sino un sueño o una alucinación propiciada por
las elevadas temperaturas. Varios incendios de Cataluña parece ser
que fueron provocados por dos adolescentes que se divertían
incendiando el bosque, y grabando el avance de las llamas con su
móvil. Tan avispados jóvenes, sobrados de inteligencia e
imaginación, perdieron el móvil allí donde iniciaron una de sus
divertidas bromas. Hace falta ser necio. Por todo, por supuesto.
Otro
incendio, el de Castrocontrigo, fue provocado, al parecer, por una
persona celosa de otra que no lo quería. A la primera no se le
ocurrió otra cosa más peregrina que pegarle fuego a una cuadra de
la segunda a fin de arruinarla. El fuego, lógicamente, no siguió
los dictados de tan preclaro Otelo, y campó por sus respetos con el
resultado ya sabido. Cráneo previlegiado,
como diría el Borracho de Luces
de bohemia.
Por supuesto los medios
de comunicación no han dado las señas de tan ilustres pirómanos,
sin duda con la intención, como sucediera en la antigua Éfeso, de
silenciar el nombre de quien incendiara el bellísimo templo de
Diana. Entonces se prohibió, bajo pena de muerte, nombrar al autor
del incendio. Este, según dijo, quería ser famoso a cualquier
precio. Y como al parecer era incapaz de construir nada, se dedicó a
lo más fácil: a destruir las mejores obras que hacían los otros.
El pobre infeliz se llamaba Eróstrato. Imagino que, a estas alturas,
a sus cenizas, si queda algo de ellas, lo mismo les dará ser
nombradas que no.
La actitud de Eróstrato
recuerda las hazañas de Procusto. Este bien intencionado bandido
estaba empeñado en crear una sociedad en la cual sus habitantes, a
toda costa, fueran iguales. Para ello tenía una mesa en su choza
situada en las montañas del Ática: al que caía en sus manos,
Procusto lo tendía en la mesa. Si le colgaban las piernas, se las
cortaba; si no llegaban a la altura requerida, se las alargaba con
cuerdas y tormentos. Tras la operación sus víctimas quedaban
igualadas. Todos tenemos, así, los mismos derechos, pues: se trata
de cortar y sajar todo aquello que destaque. Eso por no hablar de los
posibles negocios que haya tras cada uno de muchos de los incendios
de este y otros veranos. No se sabe quién los provoca. Pero nos
empobrece a todos. Estamos socarrando nuestra propia casa.
Los
pirómanos deberían metamorfosearse en aquel señor, devorador
de brisas,
Ericsiton, que fue condenado a pasar hambre eternamente: todo cuanto
devoraba se convertía en vacío, y contra más comía más hambre
tenía. Como el fuego.
Sobre
la necedad y estupidez de ciertos humanos durante este verano tal vez
bastaría, y sobraría, con lo apuntado anteriormente. No ha quedado
aquí la cosa, sin embargo. Ha habido más, por desgracia. Y quien se
ha llevado la palma, quien ha triunfado en toda la linea, quien
merece el podio, quien sin duda, es medalla de oro en tan ardua y
cansada competición, es toda aquella gente que, haciendo carretera y
cola, ha acudido, la necedad no conoce distancias, a Borja a ver la
“restauración” del Ecce
homo
hecho por una señora mayor. Sí, le salió un desastre a la señora.
Y, por supuesto, le faltó tiempo a la gente para ir a la iglesia, o
al oratorio, a partirse de risa viendo la dichosa “restauración”.
Provocaba náuseas y arcadas ver a la gente, en la televisión,
haciendo cola para fotografiarse ante el Ecce
homo, riendo,
haciendo, pincel en mano, como que lo repintaban... Algunos de ellos
se partían de risa mirándolo, dando a entender, cómo no, que eran
incapaces de hacer una chapuza semejante. Seguramente muchas de
aquellas personas, de las que iban a reírse, no han ido a un museo
en su vida; ni, por supuesto, han visto un cuadro de Velázquez o
Goya o no ser que haya salido reproducido, cosa improbable, en
cualquier chocolatina o cajetilla de tabaco. Claro, ir a un museo,
como leer una gran obra, demuestra la pequeñez del lector o del
espectador. Por el contrario, ver “la restauración” de esta
señora nos hace sentirnos superiores, guapos e inteligentes. Las
risas están garantizadas. Y la necedad más que reafirmada, campando
por sus respetos. No se sabe quién está más loco si don Quijote, o
los ociosos Duques, que montan toda una parafernalia para reírse de
él. Acerba crítica a una nobleza ociosa e inútil. Cada uno
reafirma su pobre ego como puede, por supuesto. Eso sí: ni uno de
ellos ha derramado ni una lágrima viendo tanto incendio. Y quizás
con tanta lágrima se hubiera apagado algún fuego.
Estos seres deberían
transformarse en peludas y desagradables procesionarias yendo de aquí
para allá en busca de algo de lo que reírse. Su risa sería algo
tan repulsivo como el aullido de la hiena.
No
le podía faltar, a este arduo verano, la necedad más brutal de
todas, la que no tiene parangón posible: la del asesinato de unos
niños a manos de su propio padre. Asesinato ritual y clásico donde
los haya. A tan estúpido padre sólo le ha faltado un recio poeta
capaz de dar grandeza épica a tan bestial y agónico crimen.
Casualmente me cogió la noticia que confirmaba el asesinato de los
niños leyendo las Metamorfosis,
de
Ovidio. Sabido es que en la Antigüedad Clásica hubo varios
asesinatos monstruosos de este tipo. En las Metamorfosis
pone
los pelos de punta el asesinato del niño Itis a manos de su madre
Procne. Esta, no satisfecha con la muerte del hijo, se lo sirve a su
marido Tereo, convenientemente cocinado, a fin de que se coma al hijo
de ambos. Tereo había violado a Filomele, hermana de su mujer, a
quien también corta la lengua para que no cuente lo que ha sucedido.
Tras mutilarla la vuelve a violar. La venganza de Procne, enterada de
todo por un tapiz, supera con mucho la falta o el pecado de Tereo.
Sin duda porque lo paga el niño Itis, quien no tiene culpa de nada.
La vida misma. Ahora, sin nada que vengar, por una vulgar separación,
se ha buscado el mal por el mal. Me odiarás ya que te niegas a
quererme, parece ser que ha sido la máxima del parricida, que
buscaba dañar a la madre. Haría falta preguntar a Ovidio en qué
animal podría metaformosearse tan monstruoso padre, capaz de
asesinar y quemar a dos niños, hijos suyos.
Ciertamente
se ha terminado el verano, y dentro de poco comenzarán de nuevo las
clases. Y de nuevo algún que otro alumno, o toda una clase, cansada
tras un examen, un día, como siempre, le propondrán al profesor
hacer un debate. El verano nos ha proporcionado unos cuantos temas
dignos de discusión. En un aula comenzará el diálogo socrático
hasta que, poco a poco, la discusión se vaya calentando y se
convierta, como siempre, en un todos contra todos en el que nadie se
entiende porque nadie escucha a su vecino. Un galimatías. Tal como
sucede en cualquier tertulia televisada. Un gallinero. Y cuando se
consiga poner orden en él, surgirá de nuevo la vieja idea, la
solución de todo: pena de muerte para unos y otros. Menos para la
mujer que hizo la restauración del Ecce
homo, menos
mal, porque eso es una estupidez, pero que, al fin y al cabo, no daña
a nadie.
¿Y para qué sirve la
pena de muerte? Las cárceles, por otra parte, están llenas de
pequeños rateros. Los grandes ladrones, los corruptos con poder, no
pisan semejantes establecimientos. Sócrates pasó por el calabozo;
pero no Enrique VIII, por citar dos ejemplos eminentes.
Y ya que hablamos de
cárceles, no deja de ser curioso que se hagan leyes para excarcelar
a presos, asesinos convictos algunos, y luego le produzca náuseas la
aplicación de las leyes al mismo que las creó. ¿Qué animal es ese
que devora a su pareja una vez la ha fecundado? También se podían
transformar en elefantes: en época de carestía se alimentan los
hijos de los excrementos de los padres. Y no deja de ser gracioso que
quienes no tuvieron en cuenta los derechos de los demás, aparezcan
como suplicantes en demanda de las leyes y los derechos humanos que
no reconocen sino para sí.
Hay cosas que repugnan.
Una de ellas es aquel viaje iniciático de Teseo, camino del
Peleponeso: allá por donde pasaba, e imitando a Heracles, mataba a
los bandidos que se encontraba aplicándoles la misma muerte que
ellos daban a los caminantes. Eran otros tiempos.
Tampoco faltará el
alumno concienciado que propondrá, como tema de debate, la
desfachatez de algunos políticos, poniendo como ejemplo las palabras
de un pobre diputado. Este, ganando cinco mil euros al mes, y según
él, se las ve “canutas” para llegar al fin del mismo. Algunos
padres de algunos alumnos están en el paro, y otros ganando unos
sueldos poco dignos. Otro alumno, tal vez riendo, le responderá que
también tenemos a un futbolista, triste como la princesa que está
triste, porque, al parecer, no gana lo suficiente o no lo quieren con
el amor que él desea ser querido. Con la venta del coche de este
triste príncipe tendríamos para comprar el material que nos falta
en el colegio, y aun nos quedaría para ir a Segóbriga a ver las
ruinas romanas, y dar, de paso, una vuelta por Creta.
Blancas palomicas
viudas, removiendo el fango de los manantiales, podrían ser el sino
del político pobre y del futbolista tristón. Fontefrida,
Fontefrida...
El curso nos dará para
hacer muchos debates. No habrá más que fijarse en la realidad, como
hace ya el presidente del gobierno. La realidad lo ha vencido, dice,
se le ha impuesto a su traicionado programa. No hay como ser
presidente del gobierno para ver la dura realidad. Veremos si los
alumnos son capaces de apreciarla y sacarle jugo a este pasado
verano. También se hablará, en más de una ocasión, del sistema
educativo, de las leyes, y de la manía de los políticos, no dan
para más, de deshacer unos lo que malamente hicieron los otros. Sí,
a veces el país parece una eterna tela de Penélope: siempre estamos
comenzando en tanto los pretendientes devoran los bueyes, las piras
de cerdos, las vacadas y todas las riquezas de la reina. Pobre y
empobrecida no tendrá más remedio que aceptar la mano salvadora de
alguno de los saqueadores. Se nos ponen los pelos de punta nada más
de pensar en el posible regreso de Odiseo. Sería deseable que a los
dichosos pretendientes les entrara un poco de sentido común. Antes
de que arribe Odiseo a las costas de Ítaca. Esperemos que lleguen
pronto las lluvias purificadoras. Y esperemos, sin perder la
esperanza, como Blancaflor en las almenas del castillo.
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