ARGO
Vicente Adelantado
Soriano
Con
motivo de la entrega de los óscars se ha repuesto esta película,
retirada de la cartelera hace unas semanas, para que algún que otro
despistado, yo entre ellos, pudiera disfrutar de la incomparable
belleza de sus imágenes. Argo
ha
sido galardonada con el óscar a la mejor película. Si la utilizamos
como sinónimo de cilicio, el premio es justo y merecido. Pues
soportando las dos horas de duración del film, queda claro que el
jurado, o los jurados, o los miembros del mismo, han premiado más
una pretendida labor patriótica, el rescate de unas personas del
Irán de Jomeini, que el saber hacer cine, o cualquier novedad que
este pudiera presentar al respecto. Y no todos somos americanos, ni
nos hemos sentido identificados con las naderías que se narran, o
molestos porque se quemen trapos llamados banderas. Ellos se lo
guisan y ellos se lo comen. Además, muy inteligentemente, Ben
Affleck, que, sin duda, buscaba ser premiado, rinde homenaje a la
gente del cine sin cuya colaboración hubiera sido imposible el
imposible rescate de los pobres compatriotas. Se han cambiado los
cromos entre ellos, y todos nos hemos quedado tranquilos.
La
película, dirigida por el mismo Ben Affleck, un mediano actor, no
aporta nada: todo es sabido y previsible desde el primer encuadre.
Como sabido y previsible es que el mundo se divide en dos: los
americanos, que son los buenos; y el resto del mundo que, al parecer,
está mal de la cabeza. Con semejantes principios ya no hace falta
analizar nada, explicar el porqué del descontento de un pueblo,
porqué asaltan la embajada de Estados Unidos, porqué persiguen al
personal de la embajada, y porqué el resto de los países se niega a
dar asilo a los seis americanos que lograron salir de su sitiada
embajada. Para decirlo en dos palabras, Affleck aprovecha un historia
real, la huida de esas seis personas que encontraron refugio en casa
del embajador de Canadá, para contar una historia irreal, o para
hacer un tebeo tan plano como los dibujos del mismo. Y la verdad,
viendo el resultado tampoco se entiende muy bien porqué los iraníes
se han enfadado tanto con este boceto de película. A estas alturas
deberían saber que todo país que se precie tiene su épica, sus
leyendas y sus historias que no son sino un canto y alabanza de ellos
mismos. Tal vez no podía ser de otro modo. No hay comparación
posible entre una cosa y otra; pero esto vendría a ser como si los
árabes se enfadaran porque en el Poema
de mio Cid son
presentados como enemigos del caballero de Vivar. Aunque en dicho
poema, por supuesto, también los árabes pueden ser amigos del Cid,
y de hecho lo son, como los cristianos sus enemigos, que también lo
son. A las hijas de don Rodrigo las azotan los indígenas en el
Robledal de Corpes. Y les da auxilio un moro. El Cid, el poema,
entendámonos, le gana en hondura a esta película que ni rodada en
3D hubiera tenido profundidad: nadie da lo que no tiene. Dicen los
iraníes que van a hacer una anti-Argo. Esperamos la película con
ansiedad a fin de poder formarnos una idea, tras escuchar a las
partes en litigio. Y si nos van a contar mentiras, es un suponer, por
favor que lo hagan bien, con un mínimo de inteligencia, haciendo una
buena novela o una buena película. No es lo mismo, como se
comprenderá, leer el Poema
de mío Cid o
La
ilíada, que
tragarse estos interminables kilómetros de cinta que se parecen a
esas anguilas mal cocinadas y peor servidas: dan un poco de asquito y
no saben a nada. Por cierto, en el cine nunca consigo hablar con el
señor que está en la cabina de proyección. Y me gustaría saber
una cosa: las películas actuales ¿se siguen rodando en celuloide o
se utilizan ya las nuevas técnicas, discos o un soporte distinto? Es
que me parece un gasto inútil tantos metros de película para
resultados tan mediocres.
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