EL CUARTETO
Vicente Adelantado
Soriano
Hay dos cosas
esenciales e importantes que se pueden y se deben decir sobre esta
película: que es muy de agradecer por la visión de la vejez que
comporta, y que está narrada con una sencillez apabullante, sin
pretensiones de ningún tipo. Si se le añade a ello una excelente
música, con Verdi en el centro, y unas magníficas interpretaciones,
tendremos todos los ingredientes para estar más que agradecidos a
Dustin Hoffman por haberse atrevido a dirigir tan bello proyecto.
La película narra el
devenir de unos ancianos, músicos todos, en una residencia, casi un
castillo o una mansión, cuya continuación deben segurar recaudando
medios con sus actuaciones. Y en esas actuaciones van a centrar buena
parte de sus vidas. No cuenta la historia de unos ancianos al uso,
desde luego; pero deja claro el film que una buena forma de
sobrevivirse a uno mismo, de continuar viviendo, es la de tener
ilusiones; y nunca se es lo suficientemente mayor como para no
tenerlas. Evidentemente no se puede cantar igual a los ochenta años
que a los treinta. Eso nadie la discute. Y si bien hay un temor, más
que respetable, a hacer el ridículo a tal edad, también existe la
ilusión de seguir haciendo aquello que mejor se ha hecho: música.
Para ello, sin embargo, tendrán que superar diversas aversiones y se
capaz, los cuatro, de avenirse.
En
torno, pues, a ese concierto que va a celebrar el aniversario de
Verdi, y va a servir para recaudar fondos, se tejen las historias de
cuatro ancianos, con sus manías y sus antiguos rencores no curados;
pero que van a poner en funcionamiento el famoso cuarteto de
Rigoletto, del acto
tercero.
Dichos personajes, por
otra parte, están retratados con una notable ternura. Y ellos mismos
parecen darse cuenta de que ya no vale la pena continuar con los
odios y los rencores de antaño. Cuesta, aun así, superar lo que se
lleva enquistado durante muchos años. Sin explicitarlo más que en
contados momentos, el ataque al corazón de un residente, o la
incontinencia urinaria de uno de los integrantes del cuarteto, son
conscientes de su edad, de su avanzada edad, y de que ya murieron sus
admiradores, así que la vanidad ya no tiene sentido: es como si
volvieran a comenzar de nuevo. No obstante, no van a ser los años el
impedimento para llevar a cabo el viejo proyecto. Los impedimentos
estarán en las viejas historias que se hacen presentes, o en los
antiguos odios no curados. Será relativamente fácil deshacerse
ahora de ellos, pese a las resistencias iniciales. Al final, superado
todo, hasta un ataque de alzheimer, si se puede decir así, actuarán
ante el público, con el mismo cuarteto de Verdi que interpretaron
los cuatro cuando eran jóvenes y famosos.
Resulta curioso
comprobar que el personaje central, el interpretado por Courtenay, se
adapta a los nuevos tiempos, a la nueva época, genial la conferencia
en la que se establece un paralelismo entre la ópera y el rap, pero
sigue enquistado en su odio a la que fue su mujer durante nueve
horas, integrante también del cuarteto. Es decir, el hombre
evoluciona en unos aspectos y permanece inalterable en otros. No
somos de una pieza. Pero somos capaces de superarnos y de perdonar y
perdonarnos.
La película es un
canto a la vida, al optimismo, a la amistad y al amor. Sin olvidar,
por supuesto, la música. Música que puede actuar como metáfora:
estaremos vivos en tanto tengamos ilusiones, se centren estas en
cantar, bailar o hacer algo. Es lo que hacen los protagonistas de la
cinta. Cuenta esta, también, con un bella fotografía y unos
preciosos paisajes. Todas las actuaciones, por otra parte, están más
que logradas. Como siempre Maggie Smith está perfecta. A su lado
Pauline Collins compone a una vieja cantante, tocada por el
alzheimer, llena de encanto y ternura. Muy bien también tanto Tom
Courtenay como Billy Connolly, este último en el papel de un bajo
divertido, que sigue persiguiendo a las mujeres que puede y como
puede. Película, pues, llena de encanto y ternura, muy bien narrada
y sin pretensiones de ningún tipo. Todo lo cual es muy de agradecer
en estos podridos y vomitivos momentos que corren.
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